Desde el Sahel hasta el Mar Rojo, los gobiernos usan la lucha contra grupos yihadistas para forjar nuevas alianzas y romper las antiguas. El resultado no es solo una pugna por la seguridad. Es una cruda lucha geopolítica por el territorio, disfrazada con el lenguaje del contraterrorismo.
Geopolitics
El Canal de Panamá se ha convertido en una prueba de fuego para el poder mundial, el comercio y el clima. La sequía y los problemas de navegación revelan una verdad brutal. Una única ruta estrecha todavía puede hacer temblar la economía del mundo.
El viejo mapa de alianzas rígidas en el Medio Oriente está desapareciendo. Los países ahora comercian con sus rivales y se niegan a elegir un único bando. Esto hace que la región sea más impredecible y difícil de controlar.
El mayor obstáculo para que Europa asuma más defensa de la OTAN no es solo la voluntad política. La clave es si los países europeos pueden convertir sus presupuestos en municiones, defensas aéreas y tropas listas para 2027.
Se suele pensar que los grupos armados islamistas viven solo del contrabando y las donaciones. Pero la realidad es mucho más profunda. Los países ahora compiten por asfixiar, desviar o tolerar en silencio las redes financieras que mantienen vivos a estos movimientos.
Muchos ven la política exterior de Donald Trump como un capítulo cerrado. Sin embargo, su enfoque ya cambió la forma en que el mundo percibe el poder de Estados Unidos. Esos profundos cambios apenas comienzan a notarse y siguen transformando el planeta.
Cuando pensamos en el poder global, solemos imaginar portaaviones navegando por estrechos en disputa o bases militares construidas en desiertos lejanos. Damos por hecho que la supremacía de una superpotencia es, en esencia, una cuestión de fuerza física y alcance territorial. Pero la más trascendental
Para la mayoría, un microchip es un componente invisible, una diminuta pieza de magia de silicio que hace funcionar un teléfono o un portátil. Los vemos como bienes de consumo, los motores de nuestra vida digital. Pero esta idea común ignora una realidad mucho más importante. Los semiconductores se han
Durante décadas, la historia de la política mundial se ha contado a través del prisma de la competencia entre grandes potencias. Primero, fue Estados Unidos contra la Unión Soviética. Hoy, la narrativa está dominada por la rivalidad estratégica entre Washington y Pekín. Pero este simple modelo de dos jugadores
Durante generaciones, el Ártico fue visto como una desolada extensión helada en la cima del mundo. Era un lugar para la investigación científica y un símbolo del poder bruto de la naturaleza, en gran medida alejado de los tableros estratégicos de la política mundial. Esa imagen ha quedado peligrosamente obsoleta.
Durante décadas, la mayor preocupación geopolítica fue el miedo a que hubiera demasiados seres humanos. A finales del siglo XX, políticos y académicos advirtieron sobre una inminente bomba demográfica, y predijeron que las explosiones demográficas sin control provocarían hambrunas masivas y el agotamiento de los recursos,
Si miramos al cielo, podríamos suponer que el futuro de la comunicación global está escrito en las estrellas. Con la rápida proliferación de constelaciones de satélites comerciales y el interminable debate público sobre la nube invisible, la imaginación popular ha logrado desvincular a Internet de la Tierra.
Muchas personas creen que la transición global hacia las energías renovables finalmente marcará el inicio de una era de paz geopolítica, poniendo fin de manera efectiva a las guerras por los recursos que definieron el siglo XX. La narrativa popular sugiere que, debido a que el viento y la luz solar están disponibles en todas partes,