Las próximas potencias económicas sorprenderán a los inversores

1 de abril de 2026

Las próximas potencias económicas sorprenderán a los inversores

Es tentador pensar que las próximas grandes potencias económicas surgirán de forma automática solo por su tamaño. Una gran población, trabajadores jóvenes y ciudades de rápido crecimiento pueden parecer una garantía de éxito. Pero las últimas tres décadas han demostrado algo menos cómodo y más importante. La población crea potencial, no poder. Los países crecen de verdad cuando convierten ese potencial en empleos productivos, buena infraestructura, capacidad de exportación y demanda interna. Sin esto, el "boom" demográfico se vuelve un problema social en lugar de un gran salto económico.

Esa diferencia entre la promesa y los resultados define hoy una de las grandes dudas de la economía mundial. El crecimiento en Europa se frena. La población de China envejece. Además, muchas economías ricas luchan contra la deuda y la baja productividad. Por eso, inversores y políticos se preguntan cuáles serán los próximos motores del crecimiento global. La respuesta corta es que la lista es más pequeña de lo que sugieren los titulares. India, Indonesia y Vietnam destacan por encima de otros rivales más grandes o más ricos. Estos tres países combinan una buena demografía con ambición industrial, reformas rápidas y un lugar clave en las nuevas cadenas de suministro.

Los datos ayudan a entender este fenómeno. El Fondo Monetario Internacional (FMI) calcula que India seguirá siendo una de las grandes economías de mayor crecimiento. Sus tasas anuales superan a la mayoría de sus competidores. India ya superó al Reino Unido y es la quinta economía del mundo en términos nominales. Además, su posición es aún mejor si se mide por el poder adquisitivo. Indonesia es la mayor economía del sudeste asiático. Este país ha mantenido un crecimiento estable de alrededor del 5% durante años. Es una ventaja muy valiosa en una época de inestabilidad. Vietnam es mucho más pequeño, pero es uno de los grandes ganadores en la nueva organización industrial global. Los datos del Banco Mundial muestran que sus exportaciones representan una parte enorme de su producto interno bruto (PIB). Esto refleja su papel como una gran fábrica de aparatos electrónicos, ropa y bienes de consumo.

Lo que une a estos países no es solo el crecimiento. Es el tipo de crecimiento que buscan. En India, la inversión pública ha cambiado la estructura básica de la economía. El país ha invertido en carreteras, trenes, logística y pagos digitales. El sistema de pagos instantáneos (UPI) ha convertido las transacciones digitales baratas en algo cotidiano para millones de personas. Esto es clave porque ayuda a los pequeños negocios. También mejora la recaudación de impuestos y lleva más actividad a la economía formal. India todavía tiene problemas profundos. Hay pocas mujeres en el mercado laboral, la educación es desigual y faltan empleos de alta calidad. Sin embargo, su base económica es hoy más sólida de lo que muchos creen.

Indonesia ofrece un modelo diferente. No busca convertirse en la próxima China con fábricas gigantescas. En cambio, gana influencia procesando materias primas, impulsando su consumo interno y mejorando su industria paso a paso. El país tiene grandes reservas de níquel. Este metal se usa para fabricar baterías de coches eléctricos y acero inoxidable. El gobierno en Yakarta ya no quiere solo exportar materia prima. Ahora impulsa el procesamiento y la fabricación dentro del país. Esta estrategia ha generado debate por sus costos ambientales y las reglas comerciales. Pero demuestra un objetivo claro: retener más ganancias antes de que los materiales salgan del país. Indonesia tiene más de 270 millones de habitantes y una clase media en crecimiento. Esto le da una ventaja que muchas economías exportadoras no tienen. Cuenta con un enorme mercado interno que lo protege de las crisis externas.

El ascenso de Vietnam es el mejor ejemplo de que las políticas pueden superar al tamaño. Vietnam no tiene la escala de India ni los recursos naturales de Indonesia. Sin embargo, ha crecido rápido porque ofrece lo que las empresas globales más buscan en tiempos difíciles. Ofrece salarios competitivos, apertura comercial, buena infraestructura y cierta estabilidad política. Muchas empresas querían dejar de fabricar solo en China. Vietnam se convirtió en su destino favorito para ensamblar equipos electrónicos y otros productos. Hoy, las grandes cadenas de suministro de teléfonos, microchips y bienes de consumo pasan por las zonas industriales de Hanói y Ciudad Ho Chi Minh. Esto ha disparado los ingresos y las exportaciones del país. Aun así, Vietnam depende tanto del comercio exterior que una caída en la demanda global podría afectarlo mucho.

Los países que podrían decepcionar enseñan la misma lección. A menudo se habla de Nigeria como un futuro gigante gracias a su población y a su espíritu emprendedor. Sin embargo, el país no logra despegar por varios motivos. Sufre de inflación constante, moneda inestable, cortes de energía e inseguridad. Esta lección se aplica en todo el mundo. Una población joven solo es un premio económico si el país tiene escuelas, luz eléctrica confiable, puertos funcionales y leyes que ayuden a las empresas. Sin eso, los jóvenes sufren por falta de buenos empleos, frustración y presión para emigrar. Naciones Unidas calcula desde hace años un fuerte crecimiento de población en partes de África. Pero tener más habitantes no significa tener más productividad.

Todo esto importa a muchas más personas que solo a los inversores que buscan su próximo éxito. Cuando nacen nuevas potencias económicas, el impacto llega al bolsillo de las familias, a los empleos y a la política mundial. Las rutas comerciales cambian. La demanda de materias primas se transforma. Los centros de fabricación se mudan a otras partes. Los bancos centrales y los ministerios de finanzas de los países ricos vigilan esto de cerca. Estos nuevos motores de crecimiento pueden cambiar la inflación, el flujo de capitales y el valor de las monedas. Cuando la producción se mueve a países con mano de obra más barata, los precios para el consumidor final pueden bajar. Pero este cambio también golpea a los trabajadores de las regiones industriales más viejas. Además, aumenta la competencia por la inversión y desata tensiones políticas sobre aranceles y subsidios.

Hay otra lección sobre el papel del Estado escondida en esta carrera. Los países con más opciones de ser grandes potencias económicas no son siempre los de mercado más libre ni los que tienen más recursos naturales. Suelen ser los que logran hacer bien las cosas básicas de forma constante. Son los que cobran impuestos, construyen puertos, controlan la inflación y capacitan a sus trabajadores. Además, dan a las empresas la confianza necesaria para invertir a largo plazo. La historia del este de Asia es un gran ejemplo de esto. Corea del Sur y Taiwán no se volvieron economías avanzadas solo por el tamaño de sus mercados. Lo lograron porque construyeron buenas instituciones, apoyaron a su industria y aumentaron su productividad durante décadas.

Para los países que quieren dar el salto al siguiente nivel, la receta no es un secreto, aunque sea difícil aplicarla. Primero, deben invertir de forma temprana y constante en su gente. Estudios del Banco Mundial y de la OCDE muestran siempre lo mismo. La calidad de la educación importa más que los años pasados en el aula para impulsar la productividad a largo plazo. Segundo, necesitan una infraestructura muy segura y predecible. Los puertos, las carreteras, las redes eléctricas y el internet de alta velocidad no tienen mucho glamour. Pero definen si las empresas se quedan o se van. Tercero, deben evitar el crecimiento que solo enriquece a unos pocos sin crear empleo para la mayoría. Esto significa apoyar tanto a los sectores que necesitan muchos trabajadores como a la alta tecnología. Cuarto, deben proteger su estabilidad económica. Un país que no puede controlar la inflación ni el valor de su moneda tendrá problemas para atraer inversiones a largo plazo.

Entonces, es poco probable que la demografía por sí sola corone a las próximas grandes potencias económicas. Estas naciones serán creadas por gobiernos que puedan convertir el tamaño en sistemas efectivos. Las construirán sociedades capaces de transformar a sus jóvenes en talento, y ese talento en resultados. India, Indonesia y Vietnam se ven más fuertes que muchos de sus rivales. Y esto se debe a que están haciendo buena parte de ese trabajo, aunque todavía enfrenten graves riesgos. La verdadera lección es que el futuro no pertenece de forma automática a los países grandes. El futuro es para los países que logran que el crecimiento se sienta de verdad en las fábricas y en los salarios. Que se sienta en los servicios públicos y en las finanzas familiares. Al final, el poder económico no es algo que se pueda adivinar. Es una capacidad que se gana con el tiempo.

Publication

The World Dispatch

Source: Editorial Desk

Category: Economy