Taxco, bajo el yugo criminal y una autoridad cómplice

17 de abril de 2026

Taxco, bajo el yugo criminal y una autoridad cómplice

En este municipio de Guerrero la violencia criminal se enraizó en los últimos 2O años con la complicidad de alcaldes que permitieron e, incluso, participaron en extorsiones, asesinatos y desapariciones. El peor momento se vivió en el gobierno de Mario Figueroa Mundo, quien entregó el control de la Policía Municipal a La Familia Michoacana

La vida en Taxco, Guerrero, se ha convertido en un susurro temeroso, donde la vibrante actividad de sus calles plateras ha sido reemplazada por una quietud impuesta por el miedo. La ciudad, otrora un imán turístico de fama mundial, vive bajo el dominio de grupos criminales que dictan desde los precios de productos básicos hasta quién puede transitar libremente. Esta parálisis social y económica es el resultado de una escalada de violencia y una creciente desconfianza en las autoridades, a quienes la población acusa de inacción y, en el peor de los casos, de complicidad con los delincuentes que asedian a la comunidad.

El camino que condujo a Taxco a su situación actual ha sido largo y doloroso. La disputa territorial entre organizaciones como La Familia Michoacana y Los Tlacos ha sometido a la región a una constante zozobra. Este conflicto ha derivado en extorsiones sistemáticas contra comerciantes, artesanos y transportistas, quienes se ven forzados a pagar cuotas para poder trabajar. La crisis alcanzó un punto crítico con eventos que exhibieron la total descomposición del tejido social, como el secuestro y feminicidio de Camila, una niña de ocho años, que desató la furia de los ciudadanos y culminó en el linchamiento de una de las presuntas responsables, evidenciando el vacío de autoridad y la desesperación de una comunidad abandonada.

Recientemente, la audacia de los grupos criminales se manifestó en el secuestro del padre del alcalde Juan Andrés Vega Carranza y, posteriormente, del propio edil, quien intentaba negociar la liberación de su familiar. Aunque ambos fueron rescatados con vida tras un notable despliegue de fuerzas federales y estatales, el incidente subraya la vulnerabilidad del Estado. Tras su liberación, aparecieron mantas acusando al alcalde de tener vínculos con grupos delictivos, lo que ha profundizado la percepción pública de una convivencia político-criminal y ha alimentado la narrativa de que la liberación fue más una negociación interna entre facciones que un rescate de las autoridades.

Las repercusiones de este yugo criminal son devastadoras, especialmente para una ciudad cuya economía depende casi por completo del turismo y la platería. Las huelgas de transportistas por falta de seguridad, el cierre de comercios y la cancelación de reservas hoteleras se han vuelto recurrentes, paralizando la vida económica. Las calles, antes concurridas por visitantes nacionales y extranjeros, lucen vacías, vigiladas por la presencia intermitente de la Guardia Nacional, que no ha logrado restaurar la confianza ni la normalidad. La violencia ha llegado a tal punto que la Embajada de Estados Unidos ha recomendado a sus ciudadanos no viajar al municipio.

Mirando hacia el futuro, el panorama para Taxco es incierto y complejo. La respuesta del gobierno ha sido el despliegue de cientos de elementos de fuerzas federales para patrullar la zona, pero los habitantes se muestran escépticos sobre si esto será una solución duradera. El problema de fondo parece ser la corrupción arraigada y la presunta colusión entre criminales y autoridades, un mal que mina cualquier esfuerzo de seguridad. Mientras no se desmantele esta red de protección y no se restaure la confianza de los ciudadanos en sus instituciones, Taxco seguirá atrapado entre la violencia del crimen organizado y la sospecha hacia quienes deberían protegerlos.

Source: eluniversal

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The World Dispatch

Source: World News API